Mio güela, una sección en la que diversas personas hablan de sus abuelas.

Empezamos esta nueva sección, y es para mí un gran honor que sea con alguien de mi
familia: La Güela Usté.
Todo el mundo me pregunta por qué la llamábamos así y, cuentan sus nietas, que al hablar con ella
y tutearla, ella siempre respondía que ya era mayor y tenían que tratarla de usted. Al decirlo tanto, era conocida así en el pueblo, así que, la verdad, me parece que pocos conocían su verdadero nombre: Carme.


Carme era alta y buena moza, tramposa en el juego, con mucho carácter, el mismo que le
hizo llegar a los 94 años fumando hasta sus últimos días. No llegué a conocerla, pues murió poco antes de nacer yo, pero su foto presidió siempre el salón en casa de mi abuelo. Era mi bisabuela, madre de mi abuelo Vicente Curuxera, un personaje carismático en nuestra familia. Frente a la foto, desde niña, mis tías siempre me dijeron:
«Eres igual que la Güela Usté», lo que llevo con orgullo toda la vida.


Carme tuvo nada más y nada menos que catorce hijos, de los que sobrevivieron doce. Aún a día de hoy sigo preguntándome cómo pudo ella sola criar semejante tropa, pues con 35 años murió ahogado el que fuera su marido y padre de las criaturas. Me cuentan mi tía y mi madre que fue
gracias a la caridad de los vecinos del pueblo, y a llevar a alguno de ellos a familias para que los criaran.


Aquellas mujeres, como la Güela Usté, fueron y son para mí un ejemplo de coraje, lucha, esfuerzo y trabajo. Va por ellas este pequeño homenaje a la labor y la vida que representaron en aquellos tiempos en los que la mujer era apartada y marginada, siendo aun así, al mismo tiempo, la pieza clave de toda una sociedad.