Mio güela, una sección en la que diversas personas hablan de sus abuelas.

Mi abuela se llamaba Ana, Anita para la mayoría de la gente, Annie para su mejor amiga, Nitina para mi abuelo y abuelita Nita para nosotros. Nació en el año 31 y quizás eso definió su carácter de alguna forma. Era republicana y roja como ella sola. Feminista sin saberlo y creía en dios a su manera.


No llegó a conocer a su padre; su madre (mi bisabuela), al enviudar, tuvo que trabajar de interna, así que ella se crió con su abuela.


Vivió los horrores de la Guerra siendo una niña, pues tuvo que ver a tíos en la cárcel antes
de que los fusilaran o ser testigo de cómo la Guardia Civil se llevaba a su abuela a ser torturada para que confesara dónde estaban los hijos, huidos en el monte.


Enterró a un hijo de solo 23 años víctima de un cáncer, pero aun así sacó fuerza junto con mi abuelo para criar a mi padre, que entonces tenía 3 años. Y luego para hacerlo tirar adelante cuando él tuvo la misma enfermedad que su hermano.


Jamás permitió que nadie coartara su libertad, la humillara o le faltara al respeto. Tenía
un carácter arrollador. Tan brava era y tanto arrojo tenía que una vez le pegó un azadonazo en la cabeza a un vecino por faltar y hacer llorar a su madre.


Fue una lectora incansable, siempre la recuerdo con un libro. Me inculcó el amor por la
lectura y, sobre todo, por la poesía. También era coqueta y presumida, le gustaba ir siempre
maquillada, perfumada y bien peinada. Y atrevida, pues cercana a los 70 decidió viajar sola a Argentina y Chile para reencontrarse con la familia que se había exiliado.


Para mí es un ejemplo de mujer luchadora, independiente y valiente. Y a mí me gusta pensar que de alguna manera me parezco a ella.