Mi abuela Lupe es una abuela de espíritu libre. Siendo bien joven empezó a ser adulta y a encargarse de las cosas que en aquella época parecían corresponder solo a las mujeres.
No se me olvida cuando le pregunté cómo era la vida en aquellos tiempos, y con lágrimas en la cara me contaba que muchas veces es mejor olvidar el pasado.
Nació en una pequeña parroquia rural del concejo de Samartín del Rei Aurelio. Era hija de un minero que trabajó durante más de 50 años en la mina y, siendo la menor de tres hermanos, tuvo la suerte de tener un alma gemela, una hermana que por desgracia a los pocos años abandonó a su otra mitad, a su espejo. Pasaron los años y con ellos la vida de Lupe fue cambiando a la misma velocidad que cambiaban las cuencas mineras. Era como si el pueblo y mi abuela fueran evolucionando y madurando al mismo son. Lo que antes eran pequeñas parroquias rurales, ahora eran importantes barriadas de trabajadores donde se juntaban los hombres y mujeres que veían en la minería una oportunidad para mejorar sus condiciones de vida, costara lo que costara y, en muchas ocasiones, el precio a pagar era su propia vida. Antes de casarse con mi abuelo Manuel y afincarse en Blimea, donde trabajaba como modista, Lupe crió a dos hijas, mi madre y mi madrina, a la que siempre vio como una hija, sin hacer distinción entre ambas.

Mi abuela es la esencia más viva de las mujeres que viven y vivieron sosteniendo estas cuencas, es el ejemplo de mujer obrera y comprometida con lo suyo, es la viva imagen del sacrificio y del orgullo de sentirse parte de un sitio, parte de una comunidad, parte de una clase social.
Como mi abuela hay muchas mujeres que tuvieron una vida e historias parecidas, mujeres que son recordadas como «la viuda de», «la hija de», «la mujer de». Me da mucha pena que pasen a ser recordadas por algo así; no es justo ver cómo mujeres tan fuertes y con tanto arrojo y personalidad no reciban el reconocimiento que de verdad merecen.
Creo que el tiempo con una abuela vale oro, y muchas veces no somos capaces de ver la importancia que tiene el pasar una tarde o una mañana con nuestros mayores y sentarse a hablar con ellos. Tenemos que cambiar el chip, bajar el ritmo de nuestras vidas y disfrutar de una taza de café o de unos fayuelos… ¡Ah, por cierto!, me voy que mi abuela me tiene preparado un buen plato y ya llego tarde.
- Concejo
- San Martín del Rey Aurelio
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- Curiosidades
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