Pilar Sánchez Vicente nació en Xixón en 1961. Estudió Geografía e Historia en la Universidad de Uviéu y trabajó como historiadora, documentalista y escritora. Entre sus obras encontramos La diosa contra Roma, Luciérnagas en la Memoria o El fantástico viaje de Selene. Acaba de poner en el mercado la novela «La muerte es mía».
Un lugar para perderse un fin de semana: Para perderse y no encontrarse yo iría a Ponga, y no hace falta que sea por el Aguilandu, para ver al guirria. En Beleño tengo que salir al vermú y volver al día siguiente; ríete tú del late vermú de los hípsters. Y si consigues salir del chigre puedes perderte por el bosque de Peloñu, ir a tocar el cielo desde alguna cumbre o ir a Llué tras los pasos de Martinón.
Un lugar para vivir: El que vivo, sin ir más lejos. El Natahoyo fue el primer barrio obrero de Xixón y fue escenario de las luchas de la Naval. Ahora hay un movimiento vecinal de recuperación alrededor de Les Naves; pedimos la salida al monte Coroña y la recuperación de la fachada marítima. Yo siempre dije que teníamos que hacer la XANA, Xuntanza d’Artistes del Natahoyo; no te crees cuántos vivimos en estas calles: Pedro Timón, Dani Prendes, Laura Sandoval, Ramón Lluis Bande, Tito Montero, Alberto Rodríguez, Félix Corcuera, Vanessa Rodríguez, David Varela, Miren Manterola, Eusebio Llorca… y me quedan un montón en el tintero. Somos el Soho de Xixón: pintores, escritores, cineastas, actores, músicos… ¡¡y no nos damos importancia!!
Un plato: En la base de la pirámide están el pote y los callos con las tres P: picadinos, pegajosos y picantinos. En el segundo escalón, las cebollas rellenas. Los calamarinos de potera son un vicio, pero más todavía los oricios. Por encima están la lubina y la ventresca a la plancha y, en el olimpo, las andaricas, la ñocla y el bugre. O un pelonín del Cantábrico. ¿Un plato, decías? Uno solo no puedo, que se me hizo la boca agua…
Un postre: Mira, esta es más fácil: frixuelos con llambionaes. Y chocolate, mucho chocolate.
Una playa para pasar el día: Poniente es mi playa de uso diario, donde voy a pasear para refrescar la cabeza cuando me arde de escribir. Yo preferiría que mantuviera el nombre de Arenal del Paséu, como se llamaba en el siglo XVIII, o Playa del Natahoyo, ya en el XIX. Ahí estaba la playa de Pando, donde venían a baños la reina Isabel II y después la hija, la Chata, hermana de Alfonso XII, y tuvo casetas antes que San Llorienzo. ¡Que se sepa!
Un pueblín que no podemos dejar de ver: San Esteban los Buitres y Banduxu son dos sitios que te retrotraen al pasado y donde puedes sentirte en la Edad Media. La grandeza de nuestra insignificancia es lo que te asombra en esos lugares.
Un chigre para tomar unos culinos: La plaza del Requexu en Mieres es más que una sidrería; siempre me gustó «torear» en esa plaza e ir de parroquia en parroquia.
Un parque natural para visitar: Somiedu lo tiene todo, es una joya de la naturaleza. Tiene etnografía, paisaje, fauna… Combina el paisaje alpino, la belleza de los lagos y cumbres nevadas, los teitos y la lucha emblemática por la recuperación del oso pardo.
Una fiesta a la que no faltar: ¡Con lo que yo fui! Ahora ya estoy harta de fiestas, tengo el cupo cubierto de puxarra, forgaxa y baruyu. Sin embargo, estuve en la Señora Fiesta que organiza Rodrigo Cuevas en Vegarrionda y me gustó muchísimo. Dan pote rojo de peltre, por cierto, en vez de vaso de plástico. Destacar la participación, la colaboración de la gente, la hermandad y el buen rollo, aparte de la calidad de las actuaciones. Me parece una maravilla que haya gente como él empeñada en recuperar fiestas para dar vida a los pueblos, pero huyendo de misa y ramu. Por Piloña, adonde también me gusta mucho ir y soy socia, es a los conciertos del Bocanegra; un directivo de la asociación también es de El Natahoyo, por cierto.
Un museo para recomendar: Si tengo que quedarme con un museo, para mí es el Arqueológico. Lo descubrí cuando hacía Historia en la plaza Feijoo y era una colección decimonónica de piezas amontonadas. Allí me encontré con el sepulcro y la lápida de mi Gontrodo, que ahora están en el claustro limpios y destacados, pero ni se veían. Y allí está el Pico Asturiense, ese minuto de gloria que tuvimos en el Neolítico, donde inventamos ese instrumento lítico, único en el mundo, que consigue más metros de filo por kilo de piedra que ningún otro.
Un momento de la historia d’Asturies que te gustaría vivir: ¿Momento de la Historia? Lo tengo claro. Cuando las tribus que habitaban los 300 castros d’Asturies se levantaron contra Roma en el 29 a. C., en una contienda que duró diez años y de la que nos queda como emblema La Carisa. Mi novela La Diosa contra Roma habla de ella y de aquel matriarcado original en los pueblos del Norte que contaba Estrabón. Dice mucho de lo que somos y para lo que quedamos el hecho de que se celebre la Romanización y hagan fastos conmemorativos de ella, mientras el Festival Astur Romano de Carabanzu se fue a pique, como las excavaciones arqueológicas, por falta de financiación.
Un baile para pasarlo bien: Soy una vieja roquera; ahora, en Lorient, me apuntaba al Fest Noz corriendo. La música celta y, en concreto, las danzas bretonas, son pegadizas y saltarinas
Una palabra en asturiano que te guste: Maizón. Entre maizones y babayos, así estamos.
Una tradición que no se puede perder: La de hacer vino en el Occidente. Ya está constatada la vinicultura en los siglos VIII y IX asociada a los conventos, y da gusto ver cómo se está recuperando. Hay un chaval veinteañero, Adry Fernández, que además es músico, que está haciendo un vino excelente con denominación de origen de Cangas, El Señorío de Ibias, hecho con uva albarín blanco de alta montaña de unas viñas centenarias; es para morirse. La muerte es mía, momento publicitario. (risas)
Una expresión en asturiano que te guste: Cuando perblando, cuando perduro, nunca ta contentu’l güeyu del culu. Hay mucho repunante por el mundo, cada vez más.
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