Profundo y desconocido, el cañón de Avilés podría ser considerado el monumento natural más importante de Asturies. Situado a 12 kilómetros de la costa asturiana, es el valle submarino más profundo del mundo: empieza a 128 metros de profundidad y tiene alrededor de 75 kilómetros de longitud.
El cañón de Avilés fue el primer arrecife de coral de agua fría que se encontró en España. Fue un descubrimiento muy importante a nivel científico, ya que se desconocía que los corales pudieran habitar fuera de aguas templadas y claras. Corales blancos, amarillos, negros, esponjas de cristal o anémonas forman parte de este arrecife, que además es el hábitat de varias especies de interés comercial, por lo que su conservación es necesaria para garantizar la sostenibilidad de la pesca en la costa asturiana.
Aunque este valle submarino sigue siendo bastante misterioso por la dificultad que tenemos para acceder, sí sabemos que alberga una gran biodiversidad y riqueza biológica. En él conviven un montón de especies de lo más peculiares: el tiburón anguila, el rape albino, el tiburón duende, el pejesapo espinoso… Llaman la atención especialmente las estrellas de mar gigantes (con hasta diez brazos), los cachalotes, o la gran población de esponjas carnívoras; pero quizás la especie más espectacular es el kraken, el calamar gigante del que ya hablaban los griegos y que describía Julio Verne en «Veinte mil leguas de viaje submarino».


