La historia del 25 de mayo de 1808 es muy famosa. En esta fecha, miles de paisanos llegados de toda Asturias asaltaron la Fábrica de Armas de Oviedo y entraron armados en la capital. Tomaron la Audiencia, ubicada en la calle Cimavilla de Oviedo y, allí mismo, constituyeron un nuevo órgano de gobierno que llamaron la Junta Suprema.
Lo primero que hizo la Junta Suprema fue reconocer la soberanía popular, independiente del Gobierno de Madrid y del «tirano de Europa». Es decir, Asturias declaró que «el poder, todo el poder, reside y procede del pueblo» y así lo juraron cada uno de los componentes de la Junta. Se declaró entonces la guerra a Napoleón, se enviaron embajadores a Gran Bretaña y se formó un ejército de 30.000 hombres, al que contribuyeron todos los concejos.
Sin embargo, algo menos conocido es el papel que tuvieron dos mujeres, María Josefa Francisca González y Suárez, mejor conocida como Marica Andallón, y Joaquina González García Bobela, alias Xuaca Bobela. Es por eso que vamos a viajar en el tiempo y conocer su hazaña.
Bautizada en la parroquia ovetense de San Tirso, Marica Andallón era hija de Pedro José, natural de Oviedo, y de Isabel, natural de Mieres. De joven, Marica Andallón trabajó en las tabernas que tenía su padre en la calle ovetense de Jesús y en la plaza de El Fontán. Tuvo una hija de soltera, acogida en el Real Hospicio y llamada Isabel Iglesias. Como sirvienta de la familia Sierra, salió de la capital asturiana y residió sucesivamente en Madrid, Andalucía, París y Burdeos. Después, volvió a Oviedo, donde trabajó y vivió en un establecimiento de comestibles ubicado en la calle del Rosal, 22. Marica Andallón ganó mucha notoriedad a raíz de los acontecimientos de mayo de 1808.
El día 9 los magistrados de la Real Audiencia de Asturias intentaron fijar el bando del Consejo de Castilla que contenía la Orden del día 2 del duque de Berg, y que dictaba medidas severas contra posibles nuevos amotinamientos de la población española. A esta tentativa se opuso alguna gente relevante que en ese momento ya conocía tanto la rebelión del día 2 en Madrid como la más reciente del 5 en Gijón. Entre los que manifestaron su oposición se encontraban diversos diputados de la Junta General, clérigos de la Catedral, obreros de la Fábrica de Armas, estudiantes de la Universidad, el Procurador General y el mismo alcalde de Oviedo. También algunas mujeres, entre las que destacaron Xuaca Bobela y, especialmente, Marica Andallón, que reclamaban la retirada del bando.
La primera abandonó Oviedo las cuatro veces que las tropas francesas ocuparon la ciudad entre 1809 y 1813. Sin embargo, la actitud de la segunda fue muy distinta. Según parece, contribuyó a evitar el fusilamiento en el Campo de San Francisco de varios afrancesados el 19 de julio de 1808. Además, conocedora como era de la lengua francesa, colaboró en la atención a heridos y enfermos tanto españoles como franceses en los hospitales de Santa Clara y San Francisco, y también a las nuevas acogidas en el Real Hospicio. El mismo general Bonet, comandante en jefe de las fuerzas de ocupación, estuvo a punto de hacer fusilar a un soldado francés que intentó agredirla. Al terminar la guerra, en 1814, el rey Fernando VII, tras una recepción real, les concedió a ella y a Xuaca Bobela una pensión vitalicia de 3 reales diarios por sus méritos en la guerra.
Atendida por su hija y por su nieta Felisa, Marica Andallón malvivió en la calle ovetense del Matadero hasta los ochenta y seis años de edad, y su muerte pasó completamente inadvertida en el año 1848. Cuatro años antes, pasaba lo mismo con Xuaca Bobela. Hoy reconocemos su valentía.
La ciudad de Oviedo nombró una calle con el nombre Marica Andallón. En esa misma ciudad, en la esquina de la plaza Cimavilla con la calle Altamirano, se instaló una placa en recuerdo del alzamiento del 9 de mayo de 1808 contra las tropas napoleónicas, en la que se hace mención de estas dos mujeres junto con otros nombres importantes en el suceso de soberanía de Asturias.


