Hay concejos que se entienden mejor cuando se mira más allá de sus paisajes. Miranda es uno de ellos. El río Pigüeña organiza buena parte de su territorio, pero alrededor de sus aguas y de sus montañas se ha construido una historia marcada por la minería del oro, la actividad rural y una relación estrecha con el medio natural. Situado en la comarca del Camín Real de la Mesa, el concejo conserva además elementos de la cultura vaqueira y un importante patrimonio etnográfico.

Para acercarse a todo ello sin necesidad de recorrer el concejo de punta a punta, hay tres visitas que funcionan especialmente bien como primera aproximación: la Casa del Lobo, el Aula del Oro y Las Ayalgas de Silviella.

La Casa del Lobo

La primera parada puede hacerse en la propia capital del concejo. En la Avenida de la Carretera del Puerto se encuentra la Casa del Lobo, un centro de interpretación dedicado al lobo ibérico y a su relación con los ecosistemas asturianos. La visita no se limita a presentar al animal: explica su biología y comportamiento y aborda también su convivencia histórica con las comunidades humanas.

La experiencia continúa fuera del edificio. Un paseo guiado de aproximadamente 1,5 kilómetros acompaña el curso del río Pigüeña hasta el cercado donde viven ejemplares de lobo ibérico. Durante el recorrido se presta atención también a las huellas de otros animales y a la vegetación del entorno, de manera que el paseo sirve para interpretar el paisaje que rodea Belmonte.

El Aula del Oro

De vuelta en Balmonte, la siguiente parada cambia completamente de registro. El Aula del Oro ocupa el edificio de la antigua cárcel y está dedicada a una actividad que ha dejado una huella profunda en el concejo: la extracción del oro. La visita permite recorrer la evolución de esta actividad desde la Edad del Bronce hasta nuestros días y entender cómo la búsqueda del metal ha condicionado el paisaje y la historia local. La exposición combina recursos didácticos e interactivos, con reproducciones de piezas de orfebrería castreña, minerales procedentes de la mina de oro de El Valle-Boinás y un espacio arqueológico en el que se puede experimentar con los procesos de extracción.

El oro, por tanto, no es aquí una referencia arqueológica lejana. Forma parte de la propia historia contemporánea de Belmonte. El concejo mantiene una relación con la minería que atraviesa distintas épocas y que ayuda a comprender por qué este territorio presenta determinadas transformaciones en sus montes y valles. Además, la visita sirve como contrapunto a la Casa del Lobo: si allí el protagonista era un elemento vivo del paisaje, aquí es el propio subsuelo el que explica buena parte de la historia del territorio.

Las Ayalgas de Silviella

La última parada obliga a desplazarse hasta Silviella. Allí se encuentra Las Ayalgas, un museo que conserva una enorme colección de objetos, herramientas, máquinas y vehículos vinculados a la vida cotidiana y al trabajo en la Asturias rural.

El espacio ocupa los antiguos talleres de la Central de Miranda y reúne piezas restauradas y, en muchos casos, preparadas para volver a funcionar. Su sala central, de unos 1.000 metros cuadrados, reúne vehículos y elementos relacionados con la automoción, maquinaria agrícola, trabajos del hierro, una antigua fábrica de gaseosas y diferentes motores y herramientas. Otras salas contienen desde utensilios domésticos y relojes hasta molinos, un pisón de escanda y herramientas de labranza.

Más que una colección de objetos antiguos, Las Ayalgas permite reconstruir cómo era el día a día de buena parte de la Asturias rural: cómo se trabajaba, qué herramientas se utilizaban, cómo se transformaban los productos y qué máquinas fueron llegando a unos pueblos donde la actividad agrícola y ganadera marcaba los ritmos de la vida.