El Castro de Cuaña, situado en el concejo de Cuaña, constituye uno de los yacimientos castreños mejor conservados del noroeste de la península ibérica y un referente para el estudio de las comunidades prerromanas del norte de España. Integrado actualmente en el Parque Histórico del Navia, este enclave arqueológico permite aproximarse a la organización social, económica y defensiva de los poblados de la Edad del Hierro en la franja cantábrica.
El castro se levanta sobre una colina que domina el valle del río Navia, una ubicación que no fue elegida al azar. La posición elevada ofrecía ventajas defensivas frente a posibles ataques y facilitaba el control visual del territorio circundante, especialmente de las rutas naturales de comunicación y de las zonas de aprovechamiento agrícola y ganadero. Como ocurre en muchos asentamientos castreños del norte peninsular, la relación entre el poblado y el paisaje formaba parte de su propia lógica de supervivencia.
Los estudios arqueológicos sitúan la ocupación del castro entre los siglos IV a.C. y I d.C., en un periodo de transición cultural marcado por el contacto progresivo con el mundo romano. Antes de la romanización, la zona estaba habitada por comunidades vinculadas a los pueblos prerromanos del ámbito cantábrico, cuya organización social se basaba en estructuras tribales y en una economía de subsistencia apoyada principalmente en la ganadería, la agricultura de montaña y la explotación de los recursos forestales.
El recinto presenta un sistema defensivo compuesto por murallas de piedra que delimitaban el espacio habitado. Estas fortificaciones cumplían una doble función: proteger el poblado y marcar la separación simbólica entre el espacio comunitario y el territorio exterior. Las excavaciones han permitido documentar varias fases constructivas, lo que sugiere una ocupación prolongada y adaptaciones sucesivas a las necesidades de la comunidad.

Uno de los elementos más característicos del Castro de Cuaña es la presencia de viviendas de planta circular, un rasgo arquitectónico habitual en los castros del área cantábrica. Estas casas estaban construidas con muros de piedra y cubiertas vegetales o de madera, materiales que ofrecían un buen aislamiento térmico frente al clima húmedo del occidente asturiano. En el interior de las viviendas se han identificado zonas destinadas a la vida doméstica, el almacenamiento de alimentos y la realización de actividades artesanales de carácter familiar.
La organización del poblado sugiere la existencia de una comunidad relativamente estructurada. Las calles empedradas permiten interpretar un cierto grado de planificación urbana, mientras que los espacios comunes podrían haber funcionado como lugares de reunión social o de intercambio económico. Algunos investigadores han señalado la posible existencia de áreas destinadas a la metalurgia o a la transformación de productos agrícolas, aunque muchos aspectos de la vida cotidiana castreña aún permanecen en estudio.
El proceso de romanización marcó el declive progresivo de muchos asentamientos castreños. La llegada de Roma supuso la transformación de los modelos de organización política y económica del territorio, lo que provocó el abandono paulatino de poblados fortificados como el de Cuaña. Sin embargo, el yacimiento se mantuvo en el imaginario histórico y cultural de la región hasta su redescubrimiento y excavación sistemática en la época contemporánea.

En la actualidad, el Castro de Cuaña se ha convertido en uno de los principales recursos turísticos y culturales del occidente asturiano. La visita al yacimiento permite recorrer el interior del poblado siguiendo las antiguas calles y observar la disposición original de las viviendas. Este contacto directo con la arqueología en su propio entorno ofrece al visitante una experiencia didáctica que facilita la comprensión de la vida en la Edad del Hierro. El enclave también destaca por su valor paisajístico. Desde la colina del castro se obtienen amplias panorámicas del valle del Navia y de las sierras que rodean el occidente de Asturias, un elemento que refuerza el atractivo del lugar tanto para el turismo cultural como para la fotografía de naturaleza. La gestión del yacimiento combina la conservación patrimonial con la divulgación histórica. Paneles informativos, señalización del recorrido y programas educativos permiten acercar el legado castreño al público general, especialmente a escolares y visitantes interesados en la historia antigua de Asturias.
El Castro de Coaña puede visitarse durante todo el año, aunque el horario varía según la temporada: de abril a septiembre abre de 10:30 a 17:30 horas y de octubre a marzo de 10:30 a 15:30 horas, recomendándose acceder al recinto con al menos 30 minutos de antelación al cierre. El yacimiento permanece cerrado los lunes y martes, además de algunos festivos señalados como 1 y 6 de enero, 8 de septiembre y los días 24, 25 y 31 de diciembre. En épocas de mayor afluencia turística, como Semana Santa o los meses de julio y agosto, suelen organizarse visitas guiadas gratuitas dentro del precio de la entrada, mientras que el resto del año es aconsejable consultar la disponibilidad de estas visitas llamando al teléfono de información del Castro de Cuaña. La entrada tiene un coste general y los miércoles suelen ser días de acceso gratuito para el público.
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