Hay nombres que parecen haber nacido unidos a un lugar. En Riosa, uno de ellos es L’Angliru. La montaña que se convirtió en uno de los grandes símbolos del ciclismo internacional ha hecho que el concejo sea conocido mucho más allá de Asturias, pero quedarse únicamente con sus rampas sería dejar fuera buena parte de lo que explica este territorio de la Montaña Central.
Porque Riosa es también una tierra de antiguas explotaciones mineras, de pequeños pueblos asentados entre montañas y de caminos que siguen el curso del agua. El concejo se extiende por una parte de la Sierra del Aramo y reúne un paisaje de fuertes desniveles en el que la actividad humana ha dejado una huella que todavía puede reconocerse.
L’Angliru
La carretera asciende desde Viapará hacia una de las cimas más conocidas del ciclismo mundial. L’Angliru no necesita demasiadas presentaciones: sus rampas, especialmente las de Cueña les Cabres, lo han convertido en uno de los puertos más exigentes de las grandes vueltas y en una referencia para quienes buscan afrontar sobre dos ruedas una de las ascensiones más duras de Europa.
Pero la subida también permite descubrir otra dimensión de Riosa. A medida que se gana altura, el paisaje de la Sierra del Aramo va tomando protagonismo y las vistas se abren sobre la Montaña Central. El propio Turismo Asturias define el entorno como uno de los grandes espacios naturales y deportivos del concejo, integrado en el Paisaje Protegido de la Sierra del Aramo.
No hace falta enfrentarse a la carretera como un ciclista profesional para acercarse a L’Angliru. La ascensión puede formar parte de una visita en coche, con distintas paradas para contemplar el paisaje, aunque conviene tener en cuenta que se trata de una carretera de montaña y que las condiciones pueden cambiar según la época del año.
Rioseco y Texeo
Desde la cima, el viaje cambia de época. En las proximidades de Ḷḷamo y Rioseco aparece otra de las grandes historias de Riosa: la minería. El cobre y el cobalto fueron explotados en este territorio desde tiempos prehistóricos, mucho antes de que la minería del carbón transformase buena parte de la Asturias central. El complejo de Texeo es uno de los ejemplos más singulares de esa larga relación con el subsuelo. Turismo Asturias sitúa allí explotaciones de cobre que se remontan aproximadamente al año 2000 antes de Cristo, junto a restos de las labores desarrolladas posteriormente durante los siglos XIX y XX.
La ruta hacia las antiguas minas parte de Ḷḷamo y pasa por Rioseco, donde todavía pueden reconocerse construcciones relacionadas con la última etapa de explotación minera. El poblado conserva parte de las viviendas y de las instalaciones vinculadas al tratamiento del mineral, convirtiéndose en una especie de puerta de entrada a un paisaje industrial mucho más antiguo de lo que podría parecer a primera vista. El recorrido continúa hacia la Campa les Mines y las antiguas labores de Texeo. Es un itinerario de montaña, de unos ocho kilómetros y con un desnivel cercano a los 600 metros, por lo que requiere una preparación acorde con sus características. Las antiguas galerías prehistóricas no deben visitarse por libre ni adentrarse en ellas.
El interés del lugar está precisamente en poder caminar por un paisaje donde se superponen diferentes épocas de la minería. Las antiguas explotaciones prehistóricas conviven con las instalaciones de los siglos XIX y XX, mientras el monte ha ido recuperando buena parte del espacio que durante décadas estuvo ocupado por la actividad minera.
La Ruta del Agua
Para terminar de entender Riosa hay que seguir otro elemento fundamental: el agua. La Ruta del Agua conecta el entorno del túnel del Aramo con /Ḷḷamo y permite recorrer un paisaje en el que naturaleza e intervención humana aparecen continuamente relacionadas. El itinerario forma parte de los recursos destacados por Turismo Asturias para descubrir el concejo y ofrece una perspectiva diferente a la de L’Angliru y las antiguas minas.
Aquí la montaña deja de contemplarse desde las alturas y se recorre a pie. El agua acompaña el camino mientras el paisaje va mostrando pequeños pueblos, vegetación y diferentes elementos vinculados al aprovechamiento tradicional de los recursos naturales.
Es también una buena forma de completar el recorrido porque ayuda a entender que la historia de Riosa no se explica únicamente desde sus grandes cumbres o sus minas. Entre una y otra aparecen caminos, cursos de agua, caserías y pueblos que forman parte de una manera de ocupar el territorio que se ha mantenido durante generaciones.
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